Radio Clásica

El Club de lectura leo luego existo

El Club de lectura leo luego existo
Un sabado de aventuras en el Cusco. Foto de ¡Eps!
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viernes, 1 de agosto de 2008

Ella, la de los ojos claros.

Era como una canción, pero de seguro no tenía los ojos celestes, era una joven linda, caminaba como quien no le da importancia a las preocupaciones, iba de lado en lado, contorneandose, contorneando la avenida. Unos hombres la miraban y eso no parecía importarle, cada vez, mientras su blusa azul se mezclaba con el color oro de sus aretes, ella observaba a los costados; en el suelo su figura se movía en forma doble, tal vez por el espejo en el que ahora se estaba mirando.
Caminó un poco y, mientras entraba en la librería, observó una sonrisa, y también un lamento, era el canto del silencio en el estante más cercano, un libro que ella buscó durante mucho tiempo y ahora, precisamente hoy que había decidido no buscarlo más, lo encontró. Esperaba que esto no hubiera ocurrido así, miro los otros libros, había algo en ellos que la llevaba al misterio, avanzo un poco y tomo el libro que buscaba. Cuando volvió la mirada alguien la esperaba, era Alberto, le dijo hola y ella le comenzo a contar la aventura de esa tarde.
- te cuento - dijo ella, sin saludarle.
- qué te pasa, por qué estás extraña.
- es que me ocurrió algo que no me vas a creer...La verdad es que desperté temprano, me lave los dientes, el baño estaba algo sucio por lo de la película, me quede a ver una película y no lo limpie.
- pero cómo, si tu eres un pan de dios.
- no tanto, pero luego prepare mi desayuno y todas esas cosas. Al ir a la oficina, mientras entraba en mi auto escuche una voz.
- y - exclamo Alberto, mientras Lili se miraba las uñas. Por un momento esperaron a que alguien más interviniera en la conversación.
Ella estaba algo desarreglada, mientras Alberto alistaba unas revistas, eran unas hojas sueltas sujetas por un metal a unas cartulinas azules. El sonido de las caracolas del mar se podía escuchar en el poemario, mientras un disfraz de luces posaba en el escritorio.
La ultima vez, dijo Alberto, pero Lili permanecia impasible en el lugar, tal vez un poco menos segura, tal vez con los dientes apretados de tanto masticar algunos postres, pero aún así tranquila. El foco de la entrada tintineaba a lo lejos, era como una estrella, una estrella de la mañana.
- es que era mi vecina - agrego Lili - , que me venía con el cuento de que su esposo otra vez estaba en problemas y no sabes lo peor, pensaba que yo estaba con él, puedes creerlo.
- No - dijo sorprendido su amigo.
- en serió, que cosas no, recuerdo que en la noche estaba viendo una película de Herzog...
- sigues con él
- No tanto, pero ahí estaba el bendito Klaus Kinski...Era una actuación magistral, realmente buena. Lo recuerdo, con su mirada profunda, no tanto como sus gestos, pero ahí estaba.
- pero y eso que tiene que ver con tu vecina - dijo un confundido Alberto.
- es que no sabes. Su esposo se parece a Klaus Kinski y por eso ella me metió en ese lió, como yo dije y seguramente ella me escucho desde la otra habitación, eres un cuero Kinski, por eso es que ella se metió conmigo. Es muy celosa, demasiado.
- pero eso es normal, ocurre bastante.
- Lo extraño fue que de ahí en adelante todo sucedió de una forma extraña , más de la que estaba pasando. Un auto se detuvo en mi puerta, unos hombres salieron con unas armas. Yo avance a ver que era y ellos empujaron la puerta. ¡la vendida puerta! la tumbaron. Esto es el colmo, dijo uno de ellos, ahora nos mandan a capturar mujeres solteras. Yo no sabía a que se refería con mujeres solteras, hasta que me di cuenta que yo estaba soltera, no precisamente sola, ya que sabes que eso es un poco difícil, había tenido un romance hace un tiempo y aun recuerdo esa noche en que tuve un amor prohibido, pero no sé por que te cuento esto.
- sigue sigue - dijo Alberto.
- El hombre que estaba en el auto era muy simpático. Llevaba unos lentes oscuros, realmente una ensoñación. Recordaba aquella tarde del teatro cuando el mimo hizo subir al escenario a un joven muy simpático, no te creas que los hombres noma ven así como así a las mujeres, nosotras también tenemos derecho - dijo ella, mientras revisaba las paginas del libro.
- tampoco tampoco...
- era una persona muy buena, por como lo veía, estaba con traje negro, pensé que era una broma, tú sabes que las bromas suelen pasar. El hombre me hizo entrar en el auto y me dijo que cuidara algo.
Lili miro su bolso y saco de él un cigarro, aunque luego lo dejo nuevamente en su cajetilla. Estaba por decir algo más cuando de pronto se acerco a un libro y observo el rostro de Charles, era un rostro parecido al de uno de sus antiguos enamorados. Lili dudo en levantar el libro. En ese momento una persona entro en la librería.
Era un hombre que llevaba un sombrero muy gracioso, caminaba con desenvoltura, mientras sus pequeñas barbas conversaban con las personas. Luego de un rato Alberto se acercó a Lili.
- sí, eso te dijo - exclamo Alberto, mientras observaba salir al hombre de la libreria.
- pero no sé que paso - Lili hizo un gesto de sorpresa- ah. Luego unos hombres comenzaron a disparar. Estaba aterrada, unos policias llegaron. El hombre que estaba conmigo dijo algo...Caspita, sí eso fue lo que dijo. Estaba con un arma en la mano, pensé que me iba a disparar, pero lo que hizo fue dispararle a los policías.
- tú siempre tan bromista, recuerdo eso de lo de Gian Marco, creo que ya te estas pasando de creativa.
- es verdad, el auto nos persiguió durante un buen rato, luego aquellos hombres me arrojaron a un descampado. Seguro tú has escuchado eso de la Luna de Daniel Alarcón.
- En su novela...Sí, lo escuche...
- Yo estaba ahí, mientras unos bandidos me rodeaban, era algo que no quería creer...De seguro es un poco extraño, pero uno de aquellos hombres me llamo por mi nombre.
- Es la mala noche - Dijo un poco burlón.
- es verdad, y luego me entrego un álbum de fotos, pensé que todo era una pesadilla, no podía ser, a mí que todos los días hacia casi las mismas cosas, precisamente ese momento, justo ese me paso algo inaudito. Pero yo sin saber por qué tome el sobre y luego corri, corri tanto que entre a una casa. En ella estaba un chico muy simpático, justo, ya era el colmo...Pero luego, al darme cuenta de la hora me dije que ya estaba bien. Entonces lo mire y le dije ya es el momento de irme, no te cuento esas cosas, no seas, así que mejor no te cuento más.
- está bien.
- en ese momento los hombres entraron y comenzaron a disparar, lo único que hice fue correr y correr, él estaba en el suelo, con sangre y ellos me seguían, llevaba las fotos...
- sí.
- pero es que ellos eran muchos, luego se encontraron con una mujer y fue a ella a la que tomaron de reen, luego vi unas luces y de pronto un hombre alto se me acerco...Tenía los ojos un poco chinos. Sabes que me dijo...
- seguro lo de siempre.
- No esta vez, se me acerco y dijo que en mi actución de la tarde había estado un poco distraida.
- es que este es tu trabajo, a veces crees demasiado que es tu papel, pero, por hoy, bueno y como estuviste ayer...
En el respaldo de la silla se notaban unas letras, un niño cruzó la calle, mientras por el vidrio de la librería un anunció de una función de teatro era dada a conocer. Era el jueves.
- y el Jueves que habra - dijo Alberto.
- quien sabe - repuso Lili, mientras guardaba su libro en el bolso.

jueves, 31 de julio de 2008

Doron Benatar y el libro de los nombres muertos



Dorón Benatar es un tipo curioso, se convirtió en detective privado titulado siendo doctor en filosofía pero cansado de hacer suplencias en colegios ricos con alumnos solo preocupados por su pelo, su ropa y su móvil. Sus casos son intrascendentes hasta que se ve metido en la recuperación de un ejemplar único de la versión toledana del Necronomicón del siglo XVII robado a la familia Toledano. Inmerso en la investigación del robo, se verá envuelto en una espiral de intereses de sectas, sociedades secretas y bandas callejeras dispuestas a todo por obtener la posesión del libro. Pero no solamente la trama de la historia es atrayente, el personaje es si mismo y el entorno en el que se recrea la acción también forman parte del atractivo del libro porque en el describe Madrid y ¡De qué forma!

martes, 22 de julio de 2008

El Enigma de París


Sigmundo Salvatrio tiene que viajar a un París extraño. Al llegar descubre y conoce a un conjunto de personas, muy curiosas. Craig, su maestro, le da como arma un pequeño bastón. A partir de ese momento Sigmundo tendrá que liar con problemas y sucesos inesperados.
Darbon cae desde el segundo nivel de la torre Eiffel y se desgañita en el suelo. Tras una paciente investigación se llega a saber que lo ocurrido es por una trampa, aunque es un enigma el nombre del asesino y también algunas de las razones del crimen.
Los detectives, que son casi doce o tal vez son doce, hablan de muchos crímenes, como aquel que solo se produce por las palabras escritas o comentadas, o aquel otro de un hombre que mata a un amigo, nada menos que con una pista falsa que luego de unos días conduce a su amigo a un libro envenenado.
Es sorprendente la serie de asesinatos que se suceden, uno tras otro y como los detectives empiezan a resolver los casos. En un momento ellos ven las estrellas y olvidan el desnivel que está a unos pasos. Una interesante historia, en la que los investigadores trataran de descubrir quien es el causante de los misterios y enigmas.

lunes, 14 de julio de 2008

La mujer de la Luna (Fragmento)


Era una mañana tibia, los campos rebosaban de un verdor casi inusual. Un ave volaba gracilmente, simulando ser un punto más de la lejanía, confundido con los otros que nos muestra la naturaleza; el caserío era pequeño, una iglesia y una placita con un toro de piedra en medio lo conformaban, como quien va conociendo el propio cuerpo en un espejo de agua, se podía conocer también el pueblo; a las afueras había una granja, encima de la montaña que recibía y recibe a los paseantes, muy cerca del manante de Quilcopari, un lugar arracimado a un árbol de manzanos, ahí, los perros ladraban a un hombre ya mayor. Una mujer se avalanzaba junto a su sombra, siempre inquieta, a un costado de un arroyo pequeño; la casa era de dos pisos, un poco vieja, pero acogedora. En la entrada un pequeño jardín de tulipanes invitaba a entrar a la gente. Se notaba el vuelo de algunos insectos en medio del patio, el aroma del campo también era fresco y jugueton, como la sombra que se movía. De pronto Se escuchó un grito.
- ¡Ana! Qué estás haciendo…
- Observaba las aves del corral – repuso la joven, con algo de aplomo, pero también un poco incomoda.
- No estés ahí sin hacer nada, ve a la cocina y prepara la comida, hoy llegara tú padre trayendo buenas noticias. Vamos apura apura...
La joven se dirigió muy presurosa a su habitación. Estaba tan concentrada en la cena que olvido las palabras que dijo su madre, o por lo menos dio esa impresión, por como ponía su rostro y sus ojos.
- que bueno, ahora qué cocino – repuso a media voz, mientras una cacerola se caía en el suelo.
- Lo de ayer – agrego la abuela, una mujer sabía y entrada en años.
- ¡Eres tú! pensé que era mi padre, y eso que no he cocinado la cena. Es tarde además.
- No te pongas así. Te pareces a una amiga que tuve, no hace mucho, bueno pudo ser ayer, pero la verdad es que pasaran muchos años ya de eso, y es que para mí es como si hubiera sido tan solo ayer. Ella – dijo la abuela -, ella era como tú, no tanto por el rostro, pero tenía algo de pena en los ojos, a pesar de ser tan lindos…
- Me estas distrayendo. Es mejor que me ponga a cocinar.
La comida estaba siendo preparada con algunos menjunjes, en el final de la cocina; en un rincón embetunado, estaba escondido uno de sus hermanos, esperando el menor descuido para engullir algo del sabroso potaje, todo rebosada de un delicioso sabor. Las arcadas de la vieja casa, de pronto, eran acompañadas de ruido y algo de bulla, alguien había llegado.
Ana observo por el visillo de la puerta y pudo ver que su padre estaba en la habitación contigua, aunque no podía ver todo; sobre todo el lugar en donde se encontraba el otro visitante.
- Ana – gritó otra vez su madre –, ya es hora de servir la comida.
- En un momento – repuso la joven que estaba muy cerca de su abuela, quien presintiendo lo que ocurría empezaba a esbozar una sonrisa, tenue, apenas perceptible para Ana.

jueves, 3 de julio de 2008

El club de lectura

El club de lectura en un paseo especial.
El club de la buena comida
De seguro han escuchado sobre el club de la buena estrella o el club de la pelea, también sobre el club de lectura "leo luego existo", pero actualmente está en boga la creación de un nuevo tipo de clubs, que son algo así como la suma de todos los otros; en donde podemos encontrar a personas que tienen una doble forma de ver las cosas, los hay en los que juegan para tener más dinero o recordar algo, y si a esto le agregamos el reunirnos para comer, podemos encontrar al club de la comida, o de la buena comida, un innovador y moderno grupo de amigos y rivales, de personas que se enamoran de una joven que vive en un libro y que por ella lo darían todo, claro, menos su comida, ya que es algo así como un placer supremo, amen de todos los placeres. Las tardes o mañanas en que se encuentran los amigos en el club de lectura, perdón, en el club de la comida, no solo se habla de literatura, sino que sin quererlo se empieza a ver como es que es la vida, con las contradicciones propias de cada día y cada palabra. Se aprenden muchas cosas, se conocen a nuevos amigos, se escuchan increíbles historias, se aprenden muchas cosas de personas realmente interesantes, también nacen nuevos amores, algunos secretos, algunos misteriosos y soslayados como la voz de los amantes que se encuentran a oscuras en medio de tantas cosas. Claro, también se come rico y sano.
Ellos son los integrantes del club que fueron al paseo. La foto fue hecha luego de haber pasado un día increíble.
Fotos:
¡EsEpEqUeÑoSaLvAjE! , Lauria Romero y Marco “Panasonic” Vega

domingo, 22 de junio de 2008

Por un rato

Me puse a leer el Ulises de Joyce, aunque con el resfriado no pude avanzar mucho, también vi una película interesante titulada El Niño. Pero entre tanto, y como van las cosas, es bueno que el Ulises descanse un poco.
Un amigo mio, que no es tan amigo y tampoco mio, claro, ya que no me pertenece, ni de vainas, pero es un buen tipo, me dijo que el Ulises, y Rayuela tienen un vinculo interesante... Pero lo que me sorprende es que este escribiendo de esta forma, no es mi estilo, yo nunca digo (nunca escribo) ni de vainas o un buen tipo, pero que se hace, a veces las palabras le ganan a uno y de paso veo como es que sigue esto, eso tampoco lo digo. Debe ser la fiebre y el resfriado.
La noche acampa. Esto es el colmo, nunca dije eso, aunque ya lo he dicho, y para que lo hago... Mejor no me molesto en ver quien esta escribiendo, las hojas caen en la lejanía. ¡Ploc! alguien cayó creo y por eso pensé en las hojas aunque eso de la lejanía es mio, supongo, aunque tampoco de eso estoy muy seguro, no por lo menos ahora, espero que por un rato ella no se moleste...

domingo, 15 de junio de 2008

Los paseos

Son como el sol
de ocasos estremecidos
de amores y de sueños.

Artilugios del destino
dorado manto
que quise...

Ella fue como la aurora
como el cielo estrellado
la nube silente de la melodia

Sus ojos negros
expresión de sus ansias,
serenos, me encantan.

Es una mujer
que encandila y cura
que hiere y ama

En la noche de cuerpo
cual Eielson
la veo, pero no existe

O soy yo el que no esta
el que vive en otra parte
con otro cuerpo
con otro...